SOCIOLOGÍA
E HISTORIA. MAX WEBER (1864-1920)
Por Jordi
Puigdomènech
Para Weber, la singularidad del hecho histórico implica su
imposibilidad para ser comprendido por medio de la aplicación de leyes
universales.
Un hecho singular no puede obedecer a estas leyes ni tener unas causas
necesarias que determinen su funcionamiento.
Para comprender la importancia cultural del hecho histórico, el
historiador procede a analizar por qué éste ha sido así y
no de otro modo, es decir, a indagar sus causas.
Pero la explicación causal que en cada caso particular se
ofrece al hecho histórico no puede, en ningún caso, agotar su
significación cultural, puesto que el número y la naturaleza de
las causas que determinan un hecho individual es infinito.
Algunas veces son los intereses materiales los que rigen un
fenómeno; otras puede ser la fidelidad a la tradición u otras
circunstancias.
El análisis causal implica, en todo caso, una actividad
cognoscitiva del sujeto que permita aislar lo que se considera factores
determinantes del individuo histórico que se quiere analizar.
Esta experiencia mental exige, a juicio de Raymond Aron, la
modificación irreal del propio fenómeno que habría que
reconstruir en su devenir sin la presencia de algunos de sus antecedentes: ¿qué habría pasado si
en lugar de … hubiera sido …?

Se trata de un método empleado por la historia económica
en sus análisis llamados contrafactuales e, implícitamente, por
todo historiador cuando atribuye una o varias causas a un fenómeno. Lo
que se supone es que sin ese antecedente el fenómeno habría
discurrido de modo diferente. Weber pretende hacer explícita esta
presunción y controlar racionalmente su aplicación al fenómeno.
Pluricausalismo e indeterminación del pasado no suponen, a
juicio de Weber, la negación de que existan en la historia tendencias
explicables en términos racionales.
El pensador alemán sostiene que el mundo occidental de su
tiempo se encuentra en un proceso de creciente racionalización, cuya
génesis pretende elucidar por métodos científicos.
La génesis histórica de la sociedad actual puede
explicarse científicamente aunque se niegue la monocausalidad y el
proceso histórico regido por leyes. Para ello, Weber propone la
edificación de una ciencia social basada en la comprensión ideal
de la conducta de los hombres en función de los valores.
Estos esquemas de conducta racional reciben el nombre de tipos ideales. Basándose en la
teoría económica, Weber define los tipos ideales como
construcciones hipotéticas que aislan los elementos más
significativos y que son, por tanto, construcciones "extrañas a la
realidad": no intentan describir lo que hacen los agentes, sino
cómo procederían en el caso de que actuaran de acuerdo con una
pura racionalidad con arreglo a fines.
De ahí que el tipo ideal deba prescindir de
aquellos elementos de la realidad que se consideren irrelevantes y acentuar
aquellos aspectos que ayuden a la comprensión del fenómeno. En
palabras de Weber, se trata de que los
fenómenos históricos queden ordenados conceptualmente.
Según Raymond Aron, Weber llama tipo ideal a tres clases
de conceptos. La primera es la de los tipos ideales de individuos
históricos, como "capitalismo" o "ciudad
occidental".
La segunda es la que designa los elementos abstractos de la realidad
histórica, como por ejemplo "burocracia", que en lugar de
designar una realidad histórica singular, va referida a un aspecto de
las instituciones políticas que se puede encontrar en diferentes
individuos históricos.
La tercera clase sería la formada por las reconstrucciones
racionales de conductas de un carácter particular, como es el caso del
conjunto de las proposiciones de la teoría económica cuando
supone el comportamiento de un sujeto económico puro.
En definitiva, según la propuesta de Weber, tanto el
pluricausalismo como la construcción típico-ideal permiten una
continua contrastación del tipo ideal con la realidad tal como ha sido
empíricamente investigada y, a la par, la comparación de dos
fenómenos individuales entre sí.
Todavía se discuten hoy, siguiendo a Weber, las razones que
explican la decadencia y el fin del Impero Romano; la determinación del
capitalismo por la racionalidad inherente al protestantismo; las diferencias
existentes entre la ciudad antigua y la medieval; los tipos de
dominación, etc.