HIPÓCRATES
Y EL JURAMENTO MÉDICO
Por Ezequiel Solana
Hipócrates
nació en la isla de Cos, frente a la costa de Asia Menor, hacia el
año 460 a.C. Fue un médico-sacerdote, como antes que él lo
habían sido su padre y algunos miembros de su familia. Los hospitales de
la época eran templos cuidadosamente elegidos para obtener las mejores
condiciones de aire, luz, agua y abrigo contra los vientos fríos, y
estaban rodeados de pórticos, donde se disponía a los enfermos.
Estos imploraban el favor de los dioses al mismo tiempo que eran curados por
Hipócrates y sus discípulos.
Nadie había
observado hasta entonces la acción del corazón humano, el
movimiento de los distintos miembros, el funcionamiento de los pulmones, el
proceso de la digestión y la manera como el calor se mantiene en nuestro
cuerpo en relación con la salud y las enfermedades. Hipócrates
puso atención en ello y aprovechando sus observaciones ideó un
nuevo sistema terapéutico.
Por las observaciones
hechas en unos enfermos dedujo la manera de curar enfermedades similares. Tuvo
gran número de discípulos, les dio enseñanzas
prácticas y les instó a la observación, el estudio y la
experimentación. Uno de sus descubrimientos más importantes fue
el de que en determinadas dolencias podían seguirse escuchando ciertos
sonidos en el pecho del paciente.
Hipócrates
hacía jurar a sus discípulos que respetarían a su maestro
como a un padre, que compartirían generosamente entre sí sus
observaciones y que se conducirían en su arte con una absoluta
honorabilidad.
Murió hacia el
año 380 a.C. dejando escritos numerosos textos, fruto de sus largas
observaciones y trabajos. Continuó su obra la escuela de
Alejandría, aunque sin el rigor que había inspirado el gran maestro
jonio.
El Juramento Hipocrático
<<Juro por
Apolo, médico, y Esculapio, y por Hygeia y Panacea y por todos los
dioses y diosas, poniéndolos por jueces, que este mi juramento
será completo hasta allá donde tengo poder y discernimiento.
A aquel que me enseñó este arte lo
estimaré lo mismo que a mis padres; participará de mi sustento y,
si así lo deseara, participará también de mis bienes.
Consideraré a su descendencia como hermanos
míos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos
desean aprenderlo.
Instruiré por precepto, por discurso y en
todas las otras formas, a mis hijos, a los hijos de aquel que me
enseñó a mí y a los discípulos unidos por juramento
y estipulación, de acuerdo con la ley médica, y no a otras
personas.
Llevaré adelante este regimen, el cual de
acuerdo con mi parecer y discernimiento será en beneficio de los
enfermos y los apartará del perjudicio del error.
A nadie daré una droga mortal, aunque me
fuera solicitada, ni daré consejo a tal fin. De la misma manera, no
daré a ninguna mujer sustancias abortivas; mantendré mi vida y mi
arte alejado de culpa.
No operaré a nadie por cálculos,
dejando tal labor a quienes trabajan en esta práctica.
En cualquier casa en la que entre será para
beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario o
corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres, libres o esclavos.
Guardaré silencio sobre todo aquello que en
mi profesión, o fuera de ella, escuche o vea en la vida de los hombres
que no tenga que hacerse público, manteniendo estas cosas de manera que
no se pueda hablar de ellas.
Ahora, si cumplo este juramento y no lo rompo, que
los frutos de la vida y del arte sean míos, que sea siempre honrado por
todos los hombres y que ocurra lo contrario si lo rompo y soy perjuro>>.