LUDWIG FEUERBACH

Agamenón Quiroga

 

Ludwig Feuerbach (1804-1872) nació en Landshit (Baviera). Estudió teología en Heidelberg y filosofía en Berlín, con Hegel. Se adhirió al ala radical del movimiento hegeliano, de la que llegó a ser uno de sus más significados representantes. Su obra Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidad, publicada anónimamente en 1830, constituye la primera manifestación de su lucha contra la teología. Retirado desde 1836 en Bruckberg, se dedicó a estudios de historia y crítica religiosa y filosófica, alcanzando una gran popularidad entre los jóvenes hegelianos. Feuerbach se iría apartando progresivamente de la estela de Hegel, aunque la huella de este pensador nunca desapareció completamente de su pensamiento, pues quedó patente en la terminología empleada en sus obras. En uno de los Fragmentos filosóficos redactados durante los años 1843-44, Feuerbach escribió: <<Mi primer pensamiento fue Dios; el segundo, la razón; el tercero y último, el hombre. El sujeto de la divinidad es la razón, pero el de la razón es el hombre>>.

 

Estas palabras pueden servir de fórmula para caracterizar la evolución filosófica de Feuerbach. El tercer pensamiento es el más importante en su obra y el que ejerció mayor influencia. La teología, y aun la propia filosofía, deben convertirse en antropología, en ciencia —filosófica— del ser humano, única capaz de aclarar los misterios teológicos y probar que se trata de "creencias en fantasmas". La teología común descubre sus fantasmas por medio de la imaginación sensible; la teología especulativa los descubre por medio de la abstracción no sensible. Pero ambas teologías se equivocan, puesto que no alcanzan a descubrir lo real. En la colección de aforismos publicada con el título Para la reforma de la filosofía, Feuerbach escribe: <<Debe reconocerse que el principio de la filosofía no es Dios, ni el Absoluto, ni el ser  como predicado de lo Absoluto o la Idea; el principio de la filosofía es lo finito, lo determinado, lo real>>.

 

Feuerbach consideró necesario desenmascarar la teología especulativa que se escondía detrás del sistema de Hegel, denunciando la propuesta de éste según la cual el espíritu se subjetiviza por medio de la religión. Frente a esta tesis, Feuerbach considera que espíritu no es más que un nombre que designa la Naturaleza, la realidad primaria. La inversión de la tesis hegeliana no le impide, sin embargo, reconocer el valor de lo espiritual, como última y más elevada manifestación de lo natural. Pero el espíritu nace del hombre en cuanto ser natural, no siendo todas las supuestas entidades trascendentes más que hipóstasis de los conceptos humanos. El ser humano se diferencia del resto de los seres naturales en que es capaz de razonar y de concebir racionalmente un ser infinito, aunque el propio concepto de infinitud no constituye una garantía de la existencia efectiva de un ser caracterizado como tal. El hombre crea a sus dioses a su imagen y semejanza, de acuerdo con sus necesidades, deseos y angustias. Las formas de la divinidad en cada una de las culturas son un signo de sus tendencias particulares. Justamente por ello, el contenido de las religiones no debe ser simplemente criticado, sino comprendido. La reducción de la teología a la antropología es la condición fundamental para la comprensión de la historia y del hombre.

 

La tesis del carácter natural del ser humano no anula, a juicio de Feuerbach, la tesis de su espiritualidad y de su historicidad, aunque esta espiritualidad no sea ya entendida al modo de Hegel, es decir, por participación de lo natural en el espíritu, sino por la concepción del espíritu como última etapa de la Naturaleza. La crítica de la religión y el estudio histórico-psicológico del origen de las religiones conduce al ateísmo, pero no como actitud natural, sino como producto de una realidad histórica. El ateísmo no consiste, para Feuerbach, en la simple supresión de la religión, sino en un estado en que el ser humano toma conciencia de su limitación, pero también de su poder: la limitación viene dada por la conciencia de su limitación en la Naturaleza; el poder, por el conocimiento de ese mismo estado, por el hecho de conseguir liberarse de lo trascendente. El ateísmo de Feuerbach —sembrado de idealismo moral— es una negación de la divinidad que, a su vez, pretende asimilar el contenido de la religión, por medio de la afirmación de la plena conciencia del poder y la limitación del hombre. Es, por tanto, un ateísmo que tiende a desembocar en un culto a la humanidad: <<La existencia, la vida es el bien supremo, la suprema Naturaleza, el Dios primigenio del hombre>>.

 

La filosofía de Feuerbach, especialmente su crítica de la religión dogmática y la derivación hacia el culto a la humanidad, alcanzó pronto una notable difusión. Los hegelianos de izquierda, entre ellos Engels y Marx, se manifestaron en sus primeros tiempos como entusiastas defensores del pensamiento crítico de Ludwig Feuerbach. Por tanto, puede afirmarse con rotundidad que su filosofía no ha influido únicamente en la teología protestante crítica, sino también en el marxismo.

 

 Bibliografía.- FEUERBACH, Ludwig: Tesis para la reforma de la filosofía. Principios de la filosofía del futuro. Barcelona: Orbis, 1983. (Puede consultarse la obra exclusivamente con fines didácticos en el siguiente enlace: http://formacionpolitica.prd.org.mx/documentos/engels_feuerbach.pdf

 

 

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