LA ADAPTACIÓN LITERARIA Y
EL EJEMPLO DE
LA DIVINA COMEDIA
Por Francisco José Fernández Defez
Voy a hablar esta tarde 1 acerca de mi experiencia personal en lo que se refiere a la adaptación del clásico de Dante Alighieri, La divina comedia , último de los títulos aparecidos en la colección Clásicos juveniles de la editorial Selector. No obstante, también tocaré temas de carácter mucho más general, por ejemplo, qué es una adaptación dirigida a un público adolescente o juvenil, cuál es su finalidad y utilidad, qué papel juegan este tipo de ediciones en el ámbito literario o editorial, y algunas cuestiones cercanas a las anteriores. Pero para entrar en materia, planteémonos la pregunta crucial: ¿Qué es una adaptación para jóvenes? Desde mi subjetivo y personal punto de vista, un libro de este calibre consiste en resumir una obra original intentando que dicho resumen no se convierta en una vil mutilación carente de todo sentido literario y de todo interés estético. En otras palabras, una adaptación debe ser fiel al estilo que el autor original imprimió a su obra, debe, además, respetar el hilo argumental en toda su integridad, es decir, no se puede limitar a ser un mero compendio de partes previamente aisladas y posteriormente reunidas arbitrariamente, y, finalmente, el texto resultante de la labor adaptadora debe dejar en el lector la impresión de haber leído una obra completa a la vez que el deseo de acercarse, en un futuro más o menos inmediato, al original.
Estos serían, repito, desde mi punto de vista, los tres requisitos indispensables que debe reunir una adaptación que tenga como misión cumplir su cometido. Como diría Aristóteles, puede calificarse a algo de bueno cuando cumple su función: la del cuchillo sería cortar, la del médico sanar y la del maestro enseñar. Pero para el caso concreto que nos ocupa, ¿cuál es la función de la adaptación para jóvenes? Nombrando la principal será suficiente. La función de la adaptación no es otra que facilitar la lectura a un público que, en los tiempos que corren de Play stations, Game boys, Big Brothers, además de otros innumerables entretenimientos inmanentes a la edad, no es demasiado afecto a dejarse cautivar por las letras. No por triste hay que ignorar que, actualmente, la mayoría de jóvenes experimentan un fuerte rechazo cuando se ven obligados a combatir con libros del tamaño de Los miserables , El Quijote , El fistol del diablo , y otros por el estilo; sería como pedirle peras al olmo esperar que les entrase un amor inusitado por esos, según su punto de vista, volúmenes de aburridas páginas. No digo que ello deba ser así, pero, lamentablemente, aquí se abre una enorme brecha entre el ser y el deber ser y, por lo tanto, lo es.
Por último, y antes de acabar con la lectura de un breve fragmento de la adaptación, me gustaría pronunciar unas palabras, a modo de homenaje, acerca del autor, de su obra y de su contexto histórico. En una ocasión escuché decir a Camilo José Cela que un escritor siempre escribe el mismo libro, una y otra vez, y que ese libro no es más que el libro de su propia vida. De las obras de Dante Alighieri, florentino inmortal, La divina comedia es, indiscutiblemente, la más conocida, y le llevó los últimos quince años de su vida reflejar por escrito lo que había sido toda ella.
La divina comedia sintetiza la edad vieja y la edad nueva que fueron el Duecento y el Trecento italianos. La primera, más severa, caracterizada por la aspiración del hombre a purificarse en la fe, por la estática contemplación de la belleza, por la imperiosa exigencia de un encuadre teológico-filosófico. La segunda, más abierta en la concepción del gusto, más tolerante en lo que a la vida moral se refiere, y mucho más interesada en los clásicos. El poeta describe su viaje a través del universo según la concepción cristiana vigente en el siglo XIV. A mitad del camino de su vida, en la selva oscura donde su ruta había extraviado, es la superficie de la tierra esférica, donde Dante inicia su trayecto. La primera etapa es descender hacia el interior del globo terrestre, y para ello debe atravesar los nueve círculos del Infierno, que son simétricos a las nueve esferas celestes situadas por encima de la superficie de la Tierra. Al final de este descenso llega a la zona más terrorífica y vil, Dite, el centro del universo, donde habita el mismísimo Lucifer, que en cada una de sus tres bocas, tiene preso a cada uno de los supremos traidores: Judas Iscariote, que vendió a Cristo y sufre por ello el peor castigo (recordemos que su cuerpo está dentro de la boca del Diablo y sólo pueden vérsele las piernas), y Bruto y Casio los asesinos de César. En este cuadro podemos observar cuáles son para Dante los supremos poderes: por un lado el espiritual, la Iglesia, y por el otro, el temporal, el Imperio. Una vez visitado Dite, los dos poetas, Dante y Virgilio, regresan a la superficie terrestre, al punto diametralmente opuesto de donde habían partido. Allí se halla la montaña del Purgatorio, cuya base reposa sobre la Tierra y cuya cima alcanza las regiones aéreas que rodean el globo terrestre. Después de subir el Purgatorio, Dante se despide de Virgilio y se deja llevar por Beatriz. Atraviesa las esferas del aire y del fuego, llega a la región celeste, situada por encima de éstas, y sigue ascendiendo por las esferas celestes, conversando con los buenos espíritus que habitan en ellas y culminando su viaje en la contemplación de Dios, en el Empíreo.
Dante pasea por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, por una ruta que debe conducirle a Dios, pero nunca se aparta de los hombres. Todo lo contrario, es La divina comedia un poema épico que se encarga perfectamente de narrar las costumbres del hombre de la Edad Media; sus pecados, sus bajezas, pero también sus ansias por llegar al seno de Dios a través de una vida beata o del arrepentimiento. Pero también es un fiel reflejo de la vida personal del poeta: la devoción por la Virgen María, el amor platónico por Beatriz, la huida hacia ninguna parte durante una vida errante, exiliado de su Florencia natal, el afán de gloria, la exaltación del cristianismo, el trasfondo de la lucha entre güelfos y gibelinos, el homenaje a los grandes poetas clásicos...
La divina comedia nos ofrece un apasionante paseo a través de lo más enigmático y oculto de la tradición cristiana, un repaso a las pasiones del hombre, y finalmente, el encuentro con la divinidad, la contemplación de lo inalcanzable. En resumen, estamos ante un cometido artístico, teológico, histórico-político y filosófico; ante uno de los proyectos literarios más ambiciosos de la historia de la humanidad.
1.-Extracto de la conferencia leída en la Feria del Libro de Coyoacán, México Distrito Federal, el 23 de abril de 2004.