ILUSTRACIÓN Y

ABSOLUTISMO ILUSTRADO

Per Marta Domínguez Raya

 

 

Definiciones de "Ilustración"

A partir de Kant se han dado un cúmulo de intentos de definir la "Ilustración":

-Werner Schneiders.- "Un pensamiento esencialmente crítico, con intenciones prácticas".

-Ernst Troeltsch (1897).- "La Ilustración es comienzo y fundamento del período moderno de la cultura y la historia europeas... No es un movimiento pura y eminentemente científico, sino una transformación completa de la cultura en todos los ámbitos de la vida... Tiende a una explicación inmanente del mundo a partir de todos los medios válidos de conocimiento y a una ordenación racional de la vida al servicio de fines prácticos de validez general".

La Ilustración apareció en momentos distintos en el continente y se fijó en centros de gravedad diferentes.

Comienzos de la Ilustración

Las directrices básicas del "movimiento intelectual cuya meta fue el mejoramiento práctico del pensamiento y la actuación del hombre" (Vierhaus) fueron establecidas por los pensadores franceses, sin subestimar los enormes impulsos recibidos en Inglaterra por parte de Locke y Pope, Newton y Tindall: justo en el momento en que la función política de Francia tocaba a su fin, adquiere una nueva condición cualitativa de modelo para toda Europa gracias a sus filósofos y críticos políticos; los fundamentos se habían sentado ya en la segunda mitad del reinado del Rey Sol. En aquel período entre 1680 y 1715, en el que Paul Hazard creía reconocer una "crisis de la conciencia europea" y en el que, de hecho, se colocaron importantes hitos que orientaron la evolución del pensamiento progresista, como el Diccionario Histórico y Crítico, de Pierre Bayle, de 1697; el punto de partida que podemos fijar con mayor exactitud es el de la famosa querelle des anciens et des modernes, de los años 1687/1688. Habrían de pasar décadas hasta que la crítica de las posturas y mentalidades tradicionales y de los dogmas antiguos llegara al "hombre de la calle".

Tendencias básicas de la Ilustración

La Ilustración francesa se alimentó de muy diversas fuentes (no exclusivamente francesas). Tenemos, por un lado, la emancipación de las antiguas autoridades lograda por los grandes teóricos y prácticos del siglo XVII en la ciencias naturales. Esta emancipación suponía la experimentación científica y, con ella, el pensamiento autónomo, liberado de tradiciones, y que trajo consigo -no sólo en Francia- un enorme impulso en el ámbito técnico. Las matemáticas racionales, deducibles, y la mecánica basada en la observación y el experimento, constituyeron para los ilustrados el fundamento para su imagen del mundo.

La emancipación de las autoridades clásicas continuó, por otro lado, en filosofía teórica y práctica con la memorable obra de Fontenelle, de 1688, Digression des anciens et des modernes, y se agudizó hasta convertirse en una lucha contra el pensamiento escolástico a favor de la libertad de pensamiento y opinión.

El ámbito religioso -en tercer lugar- no quedó libre de crítica; las tradiciones y dogmas eclesiásticos, es decir, los fundamentos trascendentes de la religión, así como la historicidad y "exactitud" de las Sagradas Escrituras, fueron puestas en duda con escepticismo creciente. La crítica de los autores tempranos, como Bayle o Montesquieu, se dirigían únicamente a la reforma eclesiástica en el marco del orden establecido, y sólo después de mediado el siglo XVIII se reforzó la tendencia específicamente francesa a dejar bastante de lado el cristianismo y la iglesia. La idea de tolerancia se va perfilando más netamente en el movimiento ilustrado literario: Bayle, Voltaire, Locke, Lessing, etc.; sus impulsos para la aplicación a la práctica política y político-religiosa de la idea de tolerancia debe contarse entre los éxitos seculares del movimiento de la Ilustración.

La liberación de las tradiciones y las autoridades supuso, en cuarto lugar, la emancipación de las limitaciones espaciales: la república internacional de los sabios de la Ilustración no fue una sociedad unida literariamente y mediante la correspondencia epistolar, sino una figura inusualmente móvil, cuyos miembros adquirían, mediante sus viajes por Europa o fuera de ella, una gran comprensión de los demás y unos conocimientos de la relatividad del propio sistema social. La ampliación de miras más allá de las fronteras del propio estado y del viejo continente fomentó, entre otras cosas, la idea de tolerancia.

Por último y dependiendo de lo anterior, el conocimiento que los ilustrados franceses tuvieron de otros sistemas políticos trajo el cuestionamiento del absolutismo como sistema de dominio (movimiento que alcanzó una enorme fuerza política). El objeto de interés estudiado sobre el terreno -Voltaire o Montesquieu- fue, sobre todo, la monarquía constitucional inglesa, en la que se ponderaban la función equilibradora y moderada del Parlamento o la tolerancia para con las diferentes confesiones religiosas y de éstas entre sí. Este tipo de publicaciones fueron sometidas a persecución policial y represión por Versalles. Fueron sobre todo los escritos de Voltaire y Rousseau, en especial su Contrato social (1762), los que tuvieron ese carácter explosivo pues, más allá de la crítica al sistema planteaban la exigencia de derechos humanos "naturales" e inalienables (Voltaire) y los hacían desembocar en el postulado de la soberanía del pueblo, que suponía la igualdad de todos los hombres (Rousseau), teoría ésta que el régimen absolutista consideraba como una amenaza a su existencia.

Orientación sociopolítica

Esta creciente orientación de la Ilustración hacia rumbos de política y utopía social exponía a los representantes del absolutismo a una presión a su propia justificación; fue, sin duda, algo específicamente francés.

El philosophe como modelo


Fue modélica para toda Europa la imagen desarrollada por la Ilustración francesa del philosophe no ligado a ninguna capa social. El erudito que juzga y actúa según la razón y, a pesar de su patriotismo, se guía por ideas cosmopolitas; una imagen a la que, además de los burgueses instruidos y escritores que abandonaban conscientemente su anterior encierro en su torre de marfil, intentaban ajustarse también los príncipes a cuya disposición ponían los 34 volúmenes de la Encyclopèdie (Diderot y D'Alembert). Estos filósofos franceses no constituían en absoluto una unidad homogénea, sino una multiplicidad de grupos muy diferentes y a menudo disconformes -los enciclopedistas, los fisiócratas, los volterianos moderados y los holbachianos radicales...

Ilustración alemana

En la Ilustración francesa dominaban conceptos clave como "crítica", "tolerancia" y "libertad" (sólo la Ilustración tardía abandonó el terreno del ordenamiento social estamental por la idea de una libertad igual para todos). En cambio, la Ilustración alemana tiene como propio un sentimiento utilitario y pedagógico, y una tendencia a no recibir los modelos nuevos del país vecino, como el materialismo o el escepticismo volteriano; por otra parte, se distingue de la francesa por el hecho de haberse iniciado más tarde y haber tenido influencia en la política práctica, cuando la tuvo, a partir de 1763, en el mejor de los casos.

Se valora la importancia y la función de la preilustración de corte leibniziano o tomassiano en el proceso del "principio conceptual de Ilustración". En este sentido, p. ej., la diferencia de gradiente en la aceptación de la Ilustración en el Imperio, con sus tres confesiones, entre regiones protestantes y católicas, corresponde al hecho de que el (antiguo) pietismo había mantenido ya varias posturas de la Ilustración. El grado diverso de "politización" en el Imperio depende por un lado de la posición profesional y social de sus portavoces alemanes -casi siempre funcionarios del Estado- y por otro, de la convicción extendida de que el absolutismo alemán contenía la fuerza para su auto-renovación y para un cambio evolutivo en su propio sistema.

Tendencias prácticas

A pesar de la invocación del modelo optimista de la "teodicea" leibniziana y de su teoría de que el verdadero progreso de la humanidad consiste en el progreso del conocimiento, la Ilustración alemana abandonó rápidamente la metafísica escolástica y desarrolló una filosofía orientada a la práctica, representada por Christian Wolff, y preocupada por desarrollar un edificio pedagógico útil y racionalista mediante conceptos claros y el recurso a pruebas. A este edificio se habría de incorporar de manera sustancial, como factor sublimante, la religión revelada (a diferencia de la Ilustración francesa, en Austria, en 1762, se incluyó la Enciclopèdie en el Índice). Desde esta orientación práctica había sólo un paso hasta la "filosofía popular" de los discípulos de Wolff, de increíble capacidad de difusión, interesados por cuestiones de moral, psicología y maneras prácticas y racionales de vivir, justificando así otra de las líneas básicas de la Ilustración europea, su antropocentrismo.

La Ilustración alemana en cuanto "programa educativo", exigía no sólo disposición para la autoformación en cada individuo, sino visión y capacidad en el Estado y la administración para crear el marco de condiciones destinadas a que el súbdito y patriota que pensaba y obraba razonablemente tuviera la posibilidad de ser útil y ayudar a los demás a alcanzar ese objetivo. Los apoyos esperados del Estado eran, entre otros medios, escuelas de todo tipo y órganos de prensa ilustrados en cuanto propagadores de las metas de la Ilustración. Ambos elementos dieron un desarrollo duradero al alemán no dialectal (en latín, escasamente un 4%). Pero la Ilustración alemana -con más circunspección que la francesa- prestó también atención al orden de la sociedad y del Estado, y presentó propuestas de mejora: en el terreno de la justicia, incluido el régimen penitenciario, en la economía y en la moral pública.

El "provecho social", la "utilidad", es junto con la "crítica" unos de los conceptos clave de la Ilustración y co-responsable del auge de disciplinas científicas como la demografía.

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